Mis padres dicen que la
adolescencia es la mejor etapa de la vida. Yo digo, si de verdad es así, ¿Qué
me espera el resto de mi vida? La adolescencia, en efecto, es esa época donde
las nuevas experiencias no son nada nuevo, esa época donde conoces a tanta gente
increíble como odiosa. Y claro, en la adolescencia, también está el
primer amor. Ese amor que es tan dulce cuando empieza como amargo cuando acaba.
Ese amor con esa persona que, con tan solo un mensaje, puede convertir el peor
de tus días en un día maravilloso. Esa persona que… Hablemos de esa persona…
Esa persona de la que, conozcas a la gente que conozcas, vivas el tiempo que
vivas, nunca olvidarás. Esa persona y su cuerpo… Era increíble, ¿eh? O quizá no
lo era, pero dime, ¿Qué importa el físico cuando estás enamorado? Sí, conoces sus tetas, su espalda y su cuerpo
entero a la perfección. Podrías tener los ojos cerrados y señalar con exactitud
cada uno de sus lunares. Pero eso, sin embargo, es lo que menos te importa.
Recuerdas su sonrisa, aquella sonrisa que con verla, te alegraba el día.
Aquellas personas que te decían: “Haces feliz a tu novia”. Esas personas a las
que le contestabas: “La única forma de que yo pueda ser feliz es haciéndola
feliz a ella”. Recuerdas sus ojos, mirándote con esa mirada que
hacía sonrojar hasta al hombre menos pensado. Recuerdas sus labios besándote
apasionadamente en esas noches donde su boca, lo último que decía eran
palabras. Recuerdas todo eso, claro que sí… Pero al enamorado no se
le da bien recordar lo bueno. Recuerdas
su sonrisa, pero recuerdas mucho mejor el día en el que esa sonrisa dejó de ser
sacada por ti; recuerdas sus ojos, pero recuerdas mucho mejor el día en el que
esos ojos vertieron lágrimas por tu culpa; recuerdas sus labios, pero mejor aún
los recuerdas diciéndote ese puto “Tenemos que hablar” que lo había cambiado todo.
No es tu culpa joder, claro que
no la es. Recuerdas perfectamente el día en el que te dijeron que estaba con
otro. Qué bien lo recuerdas… Recuerdas
todas esas noches llorando, llorando desconsoladamente porque ya no era tuya…
Ella no era tuya, pero en cambio, tu corazón seguía siendo de ella. Recuerdas esos días en
los que eráis tan inseparables como las dos caras de una moneda y ahora, ¿Dónde
estaba esa moneda? ¿Se la habías dado confundido al cajero de aquella
tienda? Que cosas, en la separación de
bienes, ella se había llevado tu felicidad. O quizá tú habías cogido prestada
un poco de la suya mientras estuvisteis juntos.
¿Cuánto tiempo había pasado ya?
¿Meses? ¿Años? No lo sabía. Lo que sí sabía eran las fechas con esa persona.
Nunca las olvidaría. Duele, ¿eh? ¿Cuántas tías habías conocido desde entonces?
Muchas. Y sin embargo, ¿Cuántas tías te habían hecho sentir lo que ella?
Ninguna. La quieres, no lo niegues. La quisiste, la quieres, y la querrás. La
adolescencia, la mejor etapa de la vida, ¿No?
No hay comentarios:
Publicar un comentario