sábado, 13 de diciembre de 2014

¿Recuerdas?

Mis padres dicen que la adolescencia es la mejor etapa de la vida. Yo digo, si de verdad es así, ¿Qué me espera el resto de mi vida? La adolescencia, en efecto, es esa época donde las nuevas experiencias no son nada nuevo, esa época donde conoces a tanta gente increíble como odiosa. Y claro, en la adolescencia, también está el primer amor. Ese amor que es tan dulce cuando empieza como amargo cuando acaba. Ese amor con esa persona que, con tan solo un mensaje, puede convertir el peor de tus días en un día maravilloso. Esa persona que… Hablemos de esa persona… Esa persona de la que, conozcas a la gente que conozcas, vivas el tiempo que vivas, nunca olvidarás. Esa persona y su cuerpo… Era increíble, ¿eh? O quizá no lo era, pero dime, ¿Qué importa el físico cuando estás enamorado?  Sí, conoces sus tetas, su espalda y su cuerpo entero a la perfección. Podrías tener los ojos cerrados y señalar con exactitud cada uno de sus lunares. Pero eso, sin embargo, es lo que menos te importa. Recuerdas su sonrisa, aquella sonrisa que con verla, te alegraba el día. Aquellas personas que te decían: “Haces feliz a tu novia”. Esas personas a las que le contestabas: “La única forma de que yo pueda ser feliz es haciéndola feliz a ella”. Recuerdas sus ojos, mirándote con esa mirada que hacía sonrojar hasta al hombre menos pensado. Recuerdas sus labios besándote apasionadamente en esas noches donde su boca, lo último que decía eran palabras. Recuerdas todo eso, claro que sí… Pero al enamorado no se le da bien recordar lo bueno.  Recuerdas su sonrisa, pero recuerdas mucho mejor el día en el que esa sonrisa dejó de ser sacada por ti; recuerdas sus ojos, pero recuerdas mucho mejor el día en el que esos ojos vertieron lágrimas por tu culpa; recuerdas sus labios, pero mejor aún los recuerdas diciéndote ese puto “Tenemos que hablar” que lo había cambiado todo.
No es tu culpa joder, claro que no la es. Recuerdas perfectamente el día en el que te dijeron que estaba con otro. Qué bien lo recuerdas…  Recuerdas todas esas noches llorando, llorando desconsoladamente porque ya no era tuya… Ella no era tuya, pero en cambio, tu corazón seguía siendo de ella. Recuerdas esos días en los que eráis tan inseparables como las dos caras de una moneda y ahora, ¿Dónde estaba esa moneda? ¿Se la habías dado confundido al cajero de aquella tienda?  Que cosas, en la separación de bienes, ella se había llevado tu felicidad. O quizá tú habías cogido prestada un poco de la suya mientras estuvisteis juntos.

¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿Meses? ¿Años? No lo sabía. Lo que sí sabía eran las fechas con esa persona. Nunca las olvidaría. Duele, ¿eh? ¿Cuántas tías habías conocido desde entonces? Muchas. Y sin embargo, ¿Cuántas tías te habían hecho sentir lo que ella? Ninguna. La quieres, no lo niegues. La quisiste, la quieres, y la querrás. La adolescencia, la mejor etapa de la vida, ¿No?

domingo, 9 de febrero de 2014

Piénsalo cuando estés triste.

Piensa en todo esto, pues esta entrada va para ti. No es necesario que te enseñe nada con imágenes, porque con esta entrada, tu mente y tu imaginación van a ser las que manden. Sé como te sientes a veces, a todos nos pasa, sé que hay momentos en los que parece que nada tiene sentido, que tirarías la toalla de una vez, y cambiarías tu vida de un plumazo, sin importar nada ni nadie. Pero hoy, intentaré ayudar, intentaré explicar por qué no debes ponerte así, por qué siempre merece la pena seguir adelante, por qué una sonrisa vale más que mil lágrimas. Sigue leyendo... Vayamos atrás, a cuando tan sólo eramos unos niños pequeños, a cuando nada nos preocupaba... Dime, piénsalo... ¿Que ves? Todo era más fácil, ¿Verdad? Cuando si el mundo se torcía, lo moldeábamos a nuestro antojo, pues nunca nos faltaba alguien que nos cuidase y se preocupase por nosotros... Pero la realidad es diferente... Sí había problemas, pero había quién tenía sus días duros por nosotros, para que fuéramos felices.
Avancemos de nuevo, a la actualidad, a esos días que no te dejan pensar con claridad, a esas noches sin luz en las que sólo tienes ganas de llorar, a esos momentos en los que te miras al espejo y no hay nada que te guste de ti. Imagínate un espejo, imagínate todo lo que cambiarías de ti mismo para sentirte mejor con todos esos complejos... Te doy unos segundos, hazlo con calma...
¿Qué ves?¿Te sientes mejor? Te diré una cosa, no creo que puedas dejar de verte tal y como eres, ¿Y sabes por qué? Porque no hay una manera más perfecta que ser uno mismo, admitiendo tus errores, y valorando tus aciertos... Sabiendo que, para alguien, TÚ, y solamente TÚ, eres lo más importante. Porque si tratas de cambiar, dejarás de ser tu mismo, y si dejas de ser tu mismo, te habrás perdido... ¿Sabes? Todos tenemos días malos, pero eso es porque valoramos los días buenos, y los echamos de menos, todos queremos sonreír, pero llorar nos hace humanos, y demuestra que dentro de uno mismo hay sentimientos que moverían un planeta.
Te dejo que llores si quieres, te dejo que te enfades si quieres, puedes pasar todo el día lamentándote, pero lo único que habrás conseguido es perder un día maravilloso de tu vida, de cuidarte a ti mismo, y a todos los que te quieren, pues todo sigue su curso, y tú, aunque a veces te sientas fuera de él, tienes la suerte de poder verlo, e incluso de poder cambiarlo. Aprovecha cada segundo, aprende de todo esto... Te dejo estar triste hoy, pero prometeme que sonreirás mañana.